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Martes, 29 de julio de 2008

“escenas de matrimonio”

La pequeña pantalla de TV nos está dando unas sesiones nocturnas un tanto entretenidas; nos ofrece la visión de unas “escenas de matrimonio”, en las que se intenta insistentemente convencernos a los televidentes que cabe la posibilidad de alcanzar un día la ansiada felicidad humana en nuestro paraíso terrenal. ¿Eres feliz conmigo?, repiten machaconamente los protagonistas de las escenas. Claro, la pregunta es tan rastrera que la respuesta del interlocutor no puede ser otra que titubeante. Si yo me pongo en el lugar del preguntado, contestaría con una frase del antiguo y clásico escritor Orígenes: “el ser humano después de poseer la felicidad de aquí abajo puede llegar a ser miserable”.Tenía más razón que un santo, y eso que no lo es. La felicidad que las parejas se pueden dar no es más que un sucedáneo, ya que no deja de ser imperfecta e insuficiente para satisfacer plenamente el deseo humano de felicidad. Por mucho que se intente convencer de su segura firmeza, no se puede apartar la “espada de Damocles” sobre nuestras vidas amenazándonos continuamente a perder en cualquier momento los pequeños atisbos de felicidad, pues como mínimo se presenta enturbiada por el temor de la duda de poseerla o de perderla. Pero esto no es todo. Más de una vez uno de el protagonista se dirige al otro intentando encontra en él una respuesta en la que encuentre la razón de su vida: “dónde está lo que más quiero, vida mía?” Es el saludo que algunas veces da el marido a su esposa. Claro, la respuesta del uno da al traste con la pregunta del otro. La pareja nunca podrá llenar plenamente las ansias insaciables de felicidad, que los seres humanos llevamos dentro. Pues ese pretendido feliz amor humano por naturaleza no puede desprenderse del posible hastío que, con el correr de los años, enturbia la sana convivencia. La plena felicidad se la ha reservado el Creador para concedérsela sólo a todas aquellas criaturas que no rompan el cordón umbilical con El. Esta felicidad dista años luz de la seudofelicidad que los agentes humanos puedan pedirse y tanto mentan en las escenas de matrimonio.A esta felicidad que el Creador tiene reservada a sus criaturas, además de los dicho, le acompaña la seguridad de que Dios no se arrepienta y se vuelva atrás quitándosela. Aquí no cabe ni lo más mínimo de ser invadidos por los celos ni por el temor de que el amante le retire la confianza necesaria para que el amado se sienta siempre plenamente feliz.  

Por: BVDelgado | xMoral | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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