Lunes, 28 de julio de 2008


Bien sabemos todos que la pasta de que está hecho el criminal etarra “chaos” es completamente contraria a la de sus muchísimas víctimas, perpetradas por odio al resto de la sociedad, de la que él es imposible forme parte algún día, a causa de su determinada naturaleza de alimaña criminal.El principio de reinserción de la mayoría de los condenados radica en el supuesto de que su conducta antisocial ha sido, en parte, provocada por la misma sociedad, que crea bolsas de marginación y escuela de delincuentes. La pasta de esta gente desviada es la misma que la de todo mortal, simplemente que han sido moldeados por otros. En consecuencia, la sociedad que se siente responsable, intenta restituirles aquello que en su día les privó. Estamos ante ciertas personas que no son malas sino de comportamiento desviado y que cabe en su día la posibilidad de aplicarles las medidas penitenciarias de reinserción.Este no es el caso de la alimaña de Chaos y de otros muchos de su banda. En su maldad no ha tenido parte alguna la sociedad. El odio y desenfreno que le llevó a cometer tantos crímenes como hizo, y en lo sucesivo regodearse y brindar por los sufrimientos de sus víctimas, definen la naturaleza criminal de este individuo. Esta realidad nos confirma que es imposible aplicarle ninguna medida de reinserción porque su maldad no se lo permite aceptarla con dignidad humana de arrepentimiento sincero y cambio definitivo de conducta. Entonces ¿cómo se entiende que tantos cientos de años de condena hayan quedado reducidos a tan sólo venticinco?A esto hay que añadir la repugnancia que provoca en todo buen nacido la circunstancia que se va a dar cuando el etarra excarcelado gratuitamente se vaya a residir mezclado con sus contrarios, algunas víctimas de su terrorismo criminal. ¿Cómo se puede permitir la convivencia de un lobo feroz con las víctimas de su rapiña? La ley que permite esta situación es a todas luces injusta e inhumana.
Por: BVDelgado | xRealidad | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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