Jueves, 24 de julio de 2008
Una tarde de verano entré en un pequeño ayuntamiento y vi detrás de la puerta una polvorienta cabina y dentro dos urnas, que habían sido utilizadas en los recientes comicios. También me enteré que en aquel municipio sólo había habido una candidatura, pues nadie más que el alcalde anterior había presentado lista alternativa. Por lo que aquellas urnas y la cabina habían servido para poco o mejor, para nada.Pero lo curioso del caso es que el reelegido alcalde había salido no porque le hubieran elegido sino porque, al no haber voto alternativo, la gente pasó por alto la jornada electoral.Ciertamente aún podemos ver en estas circunstancia un cierto atisbo de de de actitud democrática, aunque una democracia muy enclenque. La libertad de aquellos paisanos se vio casi anulado, pues sólo les había quedada el casi imperceptible resquicio de alternancia; esto es, elegir al único candidato puesto o, como hicieron, rehusarlo, con la ausencia.A aquellos pocos electores se les había privado algo tan esencial en la democracia como el tener a consideración distintas posibilidades de elección. Las preferencias habían sido totalmente eliminadas. Estaban privados de ejercer el derecho a escoger su alcalde De ahí que en aquel pequeño municipio las polvorientas urnas habían pasado a "mejor vida".
Por: BVDelgado | xVida | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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