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desde mi otero

Domingo, 15 de octubre de 2006

paseo por el bosque

Ensimismado en mis pensamientos, atravesaba un bosque muy variado en su flora y luego me di cuenta que también lo era en su fauna. Iba ponderando la esbeltez de los pinos y cipreses, el verdor de los robles y los múltiples arbustos que poblaban el bosque. El suelo, liberado de las sombras que producen los altos árboles, estaba alfombrado de infinidad de hierbas y de exhuberante y variadísimo colorido de las diminutas florecillas campestres. La débil brisa esporforeaba un indeterminado perfume, mezcla de tomillos, de orégano, de resina…

Pero también vino a mi consideración que en el paseo estaba encontrando zarzales que, cuando intentaba coger sus moras, me pinchaban sus puas; descubrí algunas hierbas que en mi pueblo las tienen por venenosas, y me vino al recuerdo el escozor que en cierta ocasión me habían producido en las piernas al pisar unas ortigas… Tate, llegué a la conclusión de que no toda la flora es buena, también hay parte de ella mala.

Mis pensamientos se dirigían a encontrar cuál sería la grandeza y la bondad del origen de esta flora, que gratuitamente me estaba alagando los sentidos. Pero, por contraposición, a este principio bueno, no se le puede achacar la causación de esta flora mala. Tendrá que existir paralelamente una causa primera de este mal asentado en algunas especies botánicas.

Pero ¿era verdad lo que había oído en alguna clase de filosofía? Un bosque es igual que un cuadro pintado por los pinceles del Greco, pongamos por caso. La belleza no la da solamente los colores claros, sino también las sombras de los colores oscuros. Si hiciéramos desaparecer el color negro de los lienzos del famoso pintor, dejarían de ser la hermosa obra del Greco.

Los carracos, los espinos, los matorrales, el follaje,… hacen contraste con la esbelta flora de la que hablábamos antes, de modo que el conjunto del bosque en tanto es más bonito en cuanto se combinan las más variadas especies. Todo es esencialmente bonito.

Y, en consecuencia, único es el autor de este lienzo que la naturaleza nos pone ante la vista en cualquier paseo por el bosque. Y no me resisto volver a escribir Autor con mayúscula.

Además, pensándolo mejor, las zarzas que pinchan o las ortigas que provocan el escozor, no solamente hacen eso, sino que también tienen otras cosas positivas, como, las ricas moras que producen las zarzamoras y la virtud curativa de las ortigas. En consecuencia el posible maleficio de algunas plantas no agota toda la bondad que encierran también algunas de ellas.

En fin, si es correcta la clásica definición de mal “carencia de bien”, estamos con ello negando entidad a cualquier mal; lo reducimos a una mera accidentalidad del ser. Por lo tanto, llegamos a ver claro que el mal queda completamente asumido en el bien.

Por: BVDelgado | xRealidad | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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