Viernes, 13 de octubre de 2006
Está bien para una canción y desahogarse uno por comparación con cualquier ser alado volando por el aire. El revoloteo de los pájaros nos invitan a envidiarlos en cierta manera, pues parece que superan todo obstáculo que se les pone por delante.
Sin embargo, esto no deja de ser una ilusión. Más bien, si los pájaros tuvieran conciencia de su ser, ellos sería los que sentirían envidia de los seres humanos porque podemos ser conscientes de todo lo que hacemos con libertad.
Las aves del cielo vuelan por el firmamento después de haberse caído del nido y tras unos cuantos intentos van consiguiendo despegarse del suelo y dar unos cortos vuelos preparatorios.
Nuestro vuelos libres se parecen en sus inicios a los de los pájaros. Se supone que los principios de la vida democrática fundamentada en la libertad se van adquiriendo poco a poco. ¿Aprendemos a ser libres?
Pues, no. Lo natural al ser humano es tener el libre albedrío. La naturaleza nos capacita a vivir en libertad sin tener que hacer ensayos de aciertos y error.
Además, el libre albedrío no depende de la actitud adquirida por la repetición de los actos, que es lo que hace en nosotros la ciencia. Esta prepara al acto de la inteligencia para conocer lo verdadero, y también le puede desviar del bien y le dirige a conocer lo falso.
En cambio nuestra naturaleza humana se encarga de proporcionarnos la capacidad de obrar en consonancia con lo que nos dispone la inteligencia, siendo indiferente para elegir bien o mal. En fin, aunque no seamos “como un pájaro…” , no importa. Nuestra naturaleza humana está por encima de cualquier animal alado, por raudo que surque el firmamento.
Por: BVDelgado | xVida | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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