Jueves, 12 de octubre de 2006
Bien sabía yo entonces, que al sol no se le puede mirar directamente pues sus rayos no pueden ser soportados por nuestros ojos. Lo que ya no tenía tan claro es que cuando el sol se eclipsa tampoco se puede mirar sin proteger la vista con artilugios opacos que filtren la luz solar.
Por eso, en el último eclipse total de sol, siguiendo las indicaciones de los entendidos, me pertreché de unas gafas oscuras que habían lanzado al mercado para tal finalidad. No me permitieron ni los clásicos cristales ahumados. Y es que yo quería ver al sol eclipsado sin dañarme la vista.
Si mis ojos corporales son incapaces de mirar de frente al sol, con minúscula, cuanto más sucederá si nos preguntamos por la posibilidad del ser humano, en esta vida mortal, de ver a Sol, con mayúscula, tal cual es Dios.
La respuesta inmediata a la cuestión es la de un no rotundo. En vida nunca podremos ver al Ser Transcendente. Nuestras ventanas corporales no tienen la sufiente abertura para que entren los rayos solares. Nuestra alma humana está coartada por la materia que la cobija en esta vida. En consecuencia, su conexión con la realidad está limitada a las posiblidades del cuerpo material. La divinidad transciende todas las posibilidades de la materia. El filtro de la semejanza creada hace que descartemos de nuestra visión todo aquello que no necesita de la materia corporal, en nuestro supuesto, la esencia de Dios, la abstracción, por antonomasia, del Ser.
Sólo se nos permite mirar al Sol directamente con nuestras gafas ahumadas. Por eso, en los sueños y en éxtasis se perciben más las revelaciones de lo divino y las premoniciones de lo futuro.
Por: BVDelgado | xTranscendencia | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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