Jueves, 05 de octubre de 2006
A tiro de poco más de dos mensualidades, nos metemos ya de lleno en la navidad. Pero antes tenemos que pasar por la insistente invitación a ser felices, comprando muchas participaciones de la lotería que nos traerá la plena felicidad si alguna de nuestras papeletas coincide con el número “gordo”.
Si nos toca el premio mayor pensamos que ya tenemos el requisito necesario para satisfacer plenamente todos nuestros deseos de felicidad. Yo sería sumamente feliz, piensa un porcentaje muy alto de los que hacen cola en algunos puntos de venta de lotería, si este décimo es agraciado con el premio gordo.
Pero se me nubla algo el paisaje humano, cuando también constato que no faltan quienes esperan les toque la lotería para satisfacer oscuras ansias de maldad. Parece verse en ellos un equivocado ideal de felicidad. Quieren ser felices manipulando los conceptos de bien y de mal. Esto me hace dudar si verdaderamente estos seres humanos quieren participar en la felicidad plena.
Pero ¿es verdad que si a uno le toca el gordo llega así a la felicidad? ¿Realmente todos sus deseos quedan satisfechos con la suerte que le han dado los bombos loteros? ¿Con el boleto premiado en la lotería le ha sucedido todo lo anhelado por esa persona?
La historia de la mayoría de los agraciados por la loteria es que, a corto o largo plazo, ésta no le ha dado en absoluto todo lo que su naturaleza deseaba. Más aún, los que habían visto en el dinero la solución de todos sus problemas económicos, y por tanto, les harían felices, aunque fuera imperfectamente, los resultados han sido contrarios. No pocos han encontrado en esa riqueza adquirida en la lotería, la causa de su infelicidad. Ese dinero rebido en la lotería también, a no pocos se les ha vuelto en su contra, trayéndole en cascada a su vida toda clase de obstáculos para ser plenamente feliz.
Por: BVDelgado | xMoral | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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