Domingo, 01 de octubre de 2006
Tengo entendido que el autor de esta frase fue un personaje de la literatura española. Lo que sí es cierto es que muchos, pertenecientes al montón del género humano, la han usado para autojustificarse su relación indirecta con la transcendencia.
Esta aparente contradicción me sugiere la cuestión de ¿cuál será la situación existencial de los que repiten el dicho para responder a las encuestas que intentan recabar la religiosidad de los seres humanos?
Es cierto que nuestra capacidad intelectiva no puede salirse de los límites que le ponen los sentidos. Su actuación queda coactada solamente a lo que la vista, olfato, tacto, gusto y oído le sirven en bandeja.
Esta realidad humana tranquiliza al agnóstico de tal manera que nunca duda prescindir casi inconscientemente de aquello que los creyentes llaman Dios. Es tan sublime esta idea que la vasija de barro de nuestra inteligencia humana se siente incapaz de encerrar en sí tal contenido transcendente.
Entonces, ¿cómo se le ocurrió al mencionado personaje decir aquello de “soy ateo, gracias a Dios”?. Sencillamente, uno se llama agnóstico por lo que ya he dicho antes, pues la luz del Sol le deslumbra de tal manera que no le deja ver al mismo sol. Pero lo que no puede hacer es negar las maravillas que nos rodean. El deslumbrante color de la flores del campo, la sonrisa deliciosa del bebé en brazos de su madre, la grandeza de nuestra misma vida, el atardecer de un día de verano, la bondad moral del que entrega todo su ser en bien de los más necesitados, el ritmo sonoro de la novena sinfonía de Beethoven o el gorgeo de un pajarillo posado en la rama de un espino, el panorama submarino poblado con increíbles especies de animales marinas, el crecimiento de un árbol, la maquinaria tan compleja y a la vez perfecta de nuestro mismo cuerpo. Invito al lector que continúe añadiendo mas maravillas que pueblan nuestro mundo.
Ese “gracias a Dios” del ateo o el agnóstico responde al interrogante que sigue a la lista de arriba. Esto es, todo ello ¿a quién se debe su existencia? Para no ver nada el ateo cierra los ojos. Mientras que el agnóstico, para no ser deslumbrado por el Sol, desvía la vista hacia otro objetivo.
Por: BVDelgado | xTranscendencia | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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