Jueves, 21 de septiembre de 2006
Cuando se da el salto definitivo al “más alla”, desde el lado de los que nos quedamos en esta parte, el país de los vivos, se rompe toda relación natural con los que se han ido. Sólo nos quedan traer a colación meras suposiciones.
Y lo cierto, por parte de ellos, es que han entrado en el país de los muertos, y que por los resultados, es que la roptura con el país de los vivos, el que han dejado, es una roptura absoluta. Quienes al despedirse definitivamente del mundo, quedaron remitir alguna misiva explicando lo que se iban a encontrar en el “más allá”, todavía es la fecha de hoy en la que no se ha recibido ninguna noticia de esos difuntos.
Esto nos puede hacer sospechar que la despedida de los nuevos habitantes del país de los muertos ha sido tan profunda y definitiva, que la desconexión con el mundo que han dejado es también total; su otra nueva entidad no les permite saber lo que sigue sucediendo en este nuestro país de los vivos.
Ciertamente, el espíritu desconectado definitivamente del cuerpo, al que proporcionaba el calor de la vida, puede conocer las cosas materiales en cuanto que de alguna manera está determinado a ello, bien sea por un vestigio de conocimiento o afecto anterior, o, transcendiendo la razón natural, debido a una disposición divina.
Entonces, ¿porqué aquellos dos viejetes que prometieron escribir a los suyos cuando llegaran al “otro mundo”, contándoles lo que habían encontrado, no han cumplido con la palabra dada? Presumimos que, por prescripción divina, los habitantes del país de los muertos tienen cortadas toda comunicación con los vivos. Y pensamos que los difuntos, en conformidad con su modo peculiar de existir, solamente pueden coexistir con las otras sustancias espirituales también separadas de los cuerpos. Y por eso, incluso, nuestros seres queridos que ya han dado el paso definitivo al otro mundo, ignoran lo que sucede ahora entre nosotros, los suyos.
Esta conclusión queda racionalmente ilustrada con la cita de un antiguo escritor eclesiástico, Gregorio Niceno: “Los muertos ignoran cómo se desarrolla la vida corporal de los que viven después de ellos; porque la vida del espíritu es muy diferente de la del cuerpo, y así como lo corpóreo y lo incorpóreo pertenecen a distinto género, así también difieren en su conocimiento”. Y otro famoso pensador, Agustín de Hipona, termina un pensamiento con la frase categórica: “Las almas de los muertos no intervienen en las cosas de los vivos”.
Por: BVDelgado | xHombre | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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