Sábado, 13 de mayo de 2006
Los actos intelectuales, a partir de los que se adquiere la ciencia durante la vida terrena, se realizan recurriendo a las imágenes que residen en dichas facutades sensitivas.
Por eso, en virtud de tales actos se produce en el mismo entendimiento posible una capacidad para comprender por medio de las especies recibidas. Incluso las mismas facultades inferiores adquieren cierta idoneidad para que el entendimiento, al volverse hacia ellas, pueda especular más fácilmente lo inteligible.
En el acto hay que considerar dos aspectos: su especie y su modo. La especie del acto se toma del objeto hacia el que el acto de la potencia cognoscitiva se encamina por medio de la especie que es su imagen. En cambio, el modo del acto se aprecia por el poder del agente. Así, por ejemplo, el que uno vea la piedra depende de la especie sensible que existe en el ojo; pero el que la vea con claridad depende de la capacidad visual del ojo. 
Permaneciendo en el alma separada las especies inteligibles, como sabemos, y no siendo su estado igual al que tiene en el presente, se sigue que esta alma separada puede entender por medio de las especies inteligibles aquí adquiridas lo que antes conocía. Sin embargo, no del mismo modo, es decir, recurriendo a las imágenes, sino del modo adecuado al alma separada.
Así, pues, permanece en el alma separada el acto de la ciencia adquirida en este mundo, pero de distinto modo. Pues, así como el acto intelectivo está principal y formalmente en la inteligencia misma, el mismo acto está material y dispositivamente en las facultades intelectivas.
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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