Domingo, 23 de abril de 2006
Propiamente hablando, la conciencia no es una potencia, sino un acto. Esto resulta evidente tanto si atendemos a su nombre como a las funciones que, hablando comúnmente, se le atribuyen.
Pues la conciencia, originalmente, indica la relación de un conocimiento con una cosa. Ya que conciencia equivale a un “consaber”. Ahora bien, la aplicación de una ciencia a una cosa se efectúa a través de un acto. Por eso, atendiendo a su etimología, resulta claro que la conciencia es un acto.
Lo mismo cabe decir examinando las funciones que se le atribuyen. Pues se dice que propio de la conciencia es dar testimonio, ligar o instigar, y, también, acusar, remorder o reprender: cosas todas que siguen a la aplicación de nuestro conocimiento a lo que hacemos. 
Esta aplicación puede hacerse de tres maneras: Una, cuando reconocemos que hicimos o no una cosa, según aquello de “Tu conciencia sabe que frecuentemente has maldecido a otro”. En este caso, se dice que “testifica”. Otra, cuando por nuestra conciencia juzgamos que algo debe o no debe hacerse. Entonces se dice que la conciencia “incita o liga”. Tercera, cuando por la conciencia juzgamos que algo ha estado bien o mal hecho. Según lo dicho, la conciencia “excusa, acusa o remuerde”.
Ahora bien, es indudable que todo esto responde a la aplicación del conocimiento a lo que hacemos. Por lo tanto, propiamente hablando, la conciencia indica un acto.
Sin embargo, porque el hábito es principio del acto, a veces se da el nombre de conciencia al primer hábito natural, esto es, la “sindéresis”, como hace el escritor Jerónimo en la “Glosa”. Y otro escritor, Basilio de Capadocia lo llama facultad natural de juzgar. Así también, el Damasceno escribe que es la “ley de nuestro entendimiento”. Pues se acostumbra a nombrar indistintamente por las causas o por los efectos.
Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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