Viernes, 21 de abril de 2006
Quien engendra, engendra algo semejante a sí mismo. Y así, es necesario que la forma de lo engendrado esté en acto en la causa de la generación.
Pero ni el alma sensitiva ni parte alguna de ella están en la sustancia seminal en acto, porque ninguna parte del alma sensitiva está sino en alguna parte del cuerpo, y en la sustancia seminal no hay partícula alguna del cuerpo, porque no hay parte alguna del cuerpo que no se haga de dicha sustancia y en virtud de la misma. Por lo tanto, el alma sensitiva no es causada a partir del semen.
Por otra parte, la virtud activa existente en el semen, derivada del alma del que engendra, es y obra como cierto impulso del alma misma del que engendra. Ahora bien, tampoco es alma ni parte del alma, a no ser virtualmente. Por ejemplo, en la sierra o en el hacha no está la forma de una cama, sino cierto impulso a tal forma. 
En II De Anima del filósofo Aristóteles encontramos una cierta explicación de esto. Para él no es necesario que esta virtud activa tenga órgano alguno en acto, sino que tal virtud estriba en el mismo espíritu vital sustentado en el semen, que es espumoso, como lo indica su color blanco. En este mismo espíritu hay cierto calor, debido a la misma virtud de los cuerpos celestes, por la que obran también los agentes inferiores para la especie.
Por aunarse en este espíritu la virtud del alma y la virtud celeste, “al hombre lo engendran el ser humano y el sol conjuntamente”. El calor hace las veces de instrumento para la virtud generativa, como las hace también para la virtud nutritiva.
Por: BVDelgado | Cosmología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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