Martes, 18 de abril de 2006
Si el alimento pasara a ser constitutivo real de la naturaleza humana, tendríamos que concluir que todas las pérdidas de energía provenientes del alimento en el hombre podrían restaurarse.
Ciertamente, sabemos que la muerte del ser humana no acaece más que como consecuencia de estas pérdidas. En consecuencia, el hombre, alimentándose, podría defenderse perpetuamente de la muerte.
También es cierto que toda fuerza activa del cuerpo pasible se debilita por la acción continua, por cuanto esta clase de agentes son, al mismo tiempo, pacientes. Por esto, la virtud transformativa al principio es tan fuerte, que puede convertir en su sustancia no sólo lo que basta para reparar lo perdido, sino también para el crecimiento.
Pero después no puede convertir si no lo que basta para reparar las pérdidas, cesando entonces el crecimiento; y, por último, faltando totalmente la fuerza, todo animal muere. Al igual que la virtud del vino, para convertir el agua que se le mezcla, se va debilitando gradualmente por la mezcla hasta que, por fin, se hace totalmente acuoso, como explica el Filósofo en el I De Generatione.
Por: BVDelgado | Cosmología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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