Sábado, 08 de abril de 2006
En el supuesto que el alimento pasara a ser constitutivo real de la naturaleza humana, entonces habría que aceptar que en el hombre no habría algo que no pudiese perderse y recobrarse.
Cierto, cuanto en el hombre se engendra del alimento, es susceptible de reparación y pérdida. Por tanto, viviendo el hombre largo tiempo, se seguiría que no quedaría en él, al final de su vida, nada de lo que estuvo en él materialmente al comienzo de su generación.
De esto se siguea que el ser humano no sería numéricamente el mismo durante toda su vida, puesto que, para serlo, se necesita identidad de materia.
Pero para el Maestro, esto es inadmisible, pues, el alimento de ninguna manera pasa a ser constitutivo real de la naturaleza humana.
Como dice el Filósofo en I De Generatione, cuando una materia, por ejemplo, se convierte en fuego por sí misma, se dice que se engendra fuego de nuevo; pero si se convierte en fuego preexistente, se dice que el fuego se nutre. De ahí que si toda la materia pierde simultáneamente la naturaleza específica del fuego y otra materia se convierte en fuego, este fuego será numéricamente distinto.
Pero si la leña se va quemando y sustituyendo gradualmente hasta que no quede nada de lo primero, el fuego permanece siempre numéricamente uno, pues lo que se añade se convierte siempre en lo que ya existe.
Esto mismo se ha de entender en los cuerpos vivientes humanos, en los que por nutrición se repara lo que por calor se consume.
Por: BVDelgado | Cosmología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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