Martes, 28 de marzo de 2006
Podemos comenzar este post afirmando sin duda alguna que el sumo bien, Dios, no es causa del mal
Como resulta claro al Maestro, el mal que consiste en el defecto de la acción, siempre es causado por el defecto del agente. Ahora bien, también es cierto que en Dios no hay ningún defecto ya que, por definición, es la perfección suma. Por eso, el mal no puede reducirse a Dios como a su causa.
Pero el mal que consiste en la corrupción de algunas cosas, sí se reduce a Dios como a su causa. Y esto es así tanto en las cosas naturales como en las humanas. Pues algún agente, en cuanto que con su capacidad produce alguna forma a la que se sigue corrupción y defecto, con su poder causa tal corrupción y tal defecto. Es evidente que la forma que de modo primordial Dios pretende en las cosas creadas es el bien de la armonía del universo. 
La armonía del universo requiere que algunas cosas puedan fallar y que, de hecho, fallan. De este modo, Dios, al causar en las cosas el bien de la armonía del universo, como consecuencia y de forma accidental, también causa la corrupción de las cosas.
Al orden del universo pertenece también el orden de la justicia, que exige que los delincuentes sean castigados. Según esto, Dios es autor del mal que es la pena. Pero no del mal que es la culpa por el motivo que antes ha aducido Tomás de Aquino.
Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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