Martes, 21 de marzo de 2006
Por ser la felicidad del ser humano su fin último, no se la desea por otra cosa, sino que las demás cosas se desean por ella
Pero lo que acabamos de afirmar es lo más propio de la delectación, pues es ridículo preguntarle a uno por qué quiere deleitarse, como se dice en X Ethicis. Por tanto, podríamos concluir con esto que la bienaventuranza consiste principalmente en el placer y la delectación. 
Ahora bien, la misma razón tenemos para apetecer el bien que para apetecer la delectación, pues ésta consiste en el sosiego del apetito en el bien; igual que, por ejemplo, se debe a la misma fuerza de la naturaleza que los cuerpos graves desciendan hacia abajo y se queden ahí.
Por eso, igual que el bien se desea por sí mismo, la delectación es también deseada por sí misma, si la preposición “por” indica causa final. Pero si indica causa formal, o mejor, motiva, entonces la delectación es apetecible por otra cosa, concretamente, por el bien, que es su objeto y, en consecuencia su principio y quien le da forma, pues se apetece la delectación precisamente por ser el descanso en un bien deseado.
Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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