Lunes, 20 de marzo de 2006
Como sabemos, las facultades del alma se distinguen por razón de la diversa formalidad de sus objetos, ya que la razón de ser de cada potencia consiste en su relación con aquello a lo que se aplica, y que es su objeto.
También conocemos que, si una potencia se refiere por naturaleza a un objeto considerado universalmente, dicha potencia no se diversifica por las diferencias particulares del objeto, como, por ejemplo, la facutad de la vista, que considera su objeto atendiendo al color, no se diversifica por la diferencia entre blanco y negro.
Ahora bien, la inteliogencia considera su objeto bajo la razón universal del ser, ya que el entendimiento posible es “aquello por lo que el alma se hace todas las cosas”. Por eso, ninguna diversidad de los seres constituye la diferencia del entendimiento posible.
Sin embargo, la potencia del entendimiento agente se diferencia de la del entendimiento posible, porque con respecto a un mismo objeto, es necesario que sea distinto el principio que constituye la potencia activa, por la que el objeto está en acto, del principio de la potencia pasiva, que es movida por el objeto que ya está en acto. 
Así, la potencia activa se relaciona con su objeto como el ser en acto se relaciona con el ser en potencia. Y la potencia pasiva se relaciona con su objeto como el ser en potencia se relaciona con el ser en acto.
De modo, que no puede haber ninguna diferencia de potencias en la inteligencia, a no ser la del entendimiento posible y el agente. Por eso, es evidente que la memoria no es una potencia distinta del entendimiento, pues propio de la naturaleza de la potencia pasiva es tanto el conservar como el recibir.
Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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