Lunes, 06 de marzo de 2006
Escribe Agustín en XIII “De Civitate Dei”: Las cosas que pueden ayudar a un conocimiento espiritual del Paraíso, sean bienvenidas, pero siempre que creamos que es cierta aquella historia que nos cuenta fielmente lo que pasó en realidad.
Lo que la Biblia cuenta del Paraíso, lo hace como narración histórica. Aquellas cosas que nos transmite de esta forma, hay que admitir un fundamento histórico real, al que se le pueden añadir comentarios espirituales.
Por lo tanto, el “Paraíso”, tal como escribe Isidoro en el libro “Etymologiae”, es un lugar situado en las regiones del Oriente y cuya palabra griega equivale en latín a “Huerto”.
El Paraíso terrenal está correctamente colocado en el oriente, ya que hay que asignarle el lugar más digno de la tierra. Pues, según Aristóteles en II De Caelo, el oriente está a la derecha del cielo, y la derecha tiene más dignidad que la izquierda.
Como sabemos también, el hombre era incorruptible e inmortal, no porque su cuerpo tuviera la incorruptibilidad como algo connatural, sino como una cierta fuerza infundida en el alma para preservar el cuerpo de la corrupción. 
En el cuerpo, la corrupción puede deberse a algo interior y a algo exterior. Interiormente, porque se va secando, o por vejez. A este tipo de corrupción el primer hombre podía hacer frente alimentándose. Entre lo que corrompe externamente, el primer lugar lo ocupa un ambiente destemplado. A esta corrupción se le hace frente con un buen clima.
Pues bien, en el Paraíso se encontraban ambas cosas, porque, como dice el escritor Damasceno, “se trata de un lugar cuyo clima es templado y suave, el aire es puro; además, repleto siempre de plantas y cubierto de flores”. Por lo tanto, es evidente que el Paraíso es un lugar apto para la vida del hombre en el primer estado de inmortalidad.
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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