Miércoles, 01 de marzo de 2006
El deseo del bien sumo parece que es infinito, pues nunca se extingue. Como esto ocurre sobre todo con la riqueza, ya que el avaro –por definición- nunca se llenará de dinero. Entonces parece que la felicidad consiste en las riquezas.
El deseo de riquezas naturales no es infinito, porque las necesidades de la naturaleza tienen un límite. Pero sí es infinito el deseo de riquezas artificiales, pues es esclavo de una concupiscencia desordenada, que nunca se sacia, como nota el Filósofo en I Politicis.
Sin embargo, el deseo de riquezas y el deseo del bien supremo son distintos, porque cuanto más perfectamente se posee el bien sumo, tanto más se le ama y se desprecian las demás cosas. 
Pero con el deseo de riquezas o de cualquier otro bien temporal ocurre lo contrario: cuando ya se tienen, se desprecian y se desean otras cosas. Y precisamente porque su insuficiencia se advierte mejor cuando se poseen.
Por lo tanto, esto mismo muestra su imperfección y que el bien sumo no consiste en ellos.
Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com