Miércoles, 15 de febrero de 2006
Cuando usamos los términos “pasión”, “padecer”, lo podemos entender, dentro del área de la psicología, en un triple sentido. Uno de los cuales es el que corresponde al entendimiento pasivo.
Uno, en “sentido muy propio”, esto es, cuando un sujeto es privado de algo que le compete por naturaleza o por tendencia. Como, por ejemplo, cuando el agua pierde su frialdad natural por el calor. O también, en el caso de una persona que enferma o se entristece.
Dos, en “sentido menos propio”, cuando al sujeto se le quita algo tanto si le es debido como si no. En este caso sería cuando se dice que padece no sólo el que está enfermo, sino también el que se cura; como también, no sólo el que se entristece, sino también el que se alegra. Esto es, se padece cuando alguno experimenta una alteración o se da cualquier tipo de movimiento.
Tres, en “sentido más general”, pues, por padecer se entiende el simple hecho de que un ser en potencia para algo adquiera aquello para lo que estaba en potencia, sin perder, por su parte, nada que le es propio. En este sentido, todo ser que pasa de la potencia al acto, puede ser llamado “paciente”, incluso cuando alcanza una perfección. Precisamente, en este sentido es pasivo nuestro entendimiento. 
Ciertamente, sabemos que la inteligencia tiene una operación que recae sobre el ser tomado en general. Por lo tanto, se puede deducir si el entendimiento está en acto o en potencia, sólo analizando su actitud con respecto al ser en general.
Pues ningún entendimiento creado puede estar en acto con respecto a la totalidad del ser universal, ya que se requeriría que éste fuese infinito. Por eso, toda inteligencia creada, por el hecho de serlo, no está en acto con respecto a todo lo inteligible, sino que se relaciona con ello como la potencia con el acto.
Ahora bien, la potencia está referida al acto de una doble manera. Hay una potencia que está siempre perfeccionada por su acto. En este caso se trata de la materia de los cuerpos celestes. Y hay otra potencia que no siempre está en acto, sino que pasa de la potencia al acto. Aquí se trata de lo sometido a generación y corrupción.
Entonces, el entendimiento humano, el último en el orden de los inteligencias y el más alejado de la perfección del entendimiento divino, está en potencia con respecto a lo inteligible, y, al principio, es como una tablilla en la que nada hay escrito, como dice el Filósofo Aristóteles en III De Anima.
Esto resulta evidente por el hecho de que en un principio estamos sólo en potencia para entender, y luego entendemos en acto. Así, pues, resulta evidente que nuestro entender es un “cierto padecer”, como se ha dicho en el tercer sentido de pasión. Consecuentemente, el entendimiento es una potencia pasiva.
Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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