Martes, 07 de febrero de 2006
Lo que no existe, no puede actuar. Sin embargo, vemos que el mal actúa, porque corrompe al bien. Por lo tanto, el mal, contra la opinión mayoritaria, tiene una determinada entidad, una naturaleza determinada.
Parece completamente aceptable que cuando nos referimos a “hacer algo”, encontramos en la frase tres sentidos distintos:
Un primer sentido sería el “formal”. Por ejemplo, decimos que la blancura “hace” que un sujeto sea blanco. Así también, el mal, incluso, tomado como privación, se dice que corrompe el bien, puesto que formalmente es la misma corrupción o privación del bien.
El segundo, es el material, que consiste en hacer algo efectivamente. Este es el caso del pintor que hace blanca la pared.
Y el tercer sentido será el final. Es, precisamente, tal como obra el fin moviendo al sujeto que actúa. 
De los dos últimos sentidos, el mal, en cuanto tal, es decir, en cuanto que es una privación, no hace nada. Pues siempre que obra en este sentido, es precisamente porque está unido a algún bien.
Del primer sentido concluímos que toda acción se debe a alguna forma, y todo lo que se desea como fin ya es de por si alguna perfección. Por eso, como dice el filósofo Dionisio Areopagita, en el libro “De Divinis Nominibus: “El mal no obra ni es deseado más que en virtud de algún bien que lleva unido. En cuanto tal, no es un fin, y está fuera de toda voluntad e intención.
Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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