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Jueves, 26 de enero de 2006

nacimiento

Lo que sobrepasa la naturaleza sólo la creencia lo alcanza; y lo que creemos, a la autoridad lo debemos. Por eso, debemos atender a la naturaleza de las cosas, menos en lo que ha sido transmitido por autoridad divina, que es lo que sobrepasa la naturaleza.

Evidentemente, es natural, por radicar en los principios de la naturaleza humana, que los niños al nacer no tengan pleno dominio de sus miembros, pues los seres humanos tienen un cerebro mayor que los demás animales, proporcionado a su cuerpo. Por eso es natural que, debido a la alta humedad del cerebro infantil, los nervios, instrumentos del movimiento, no muevan con flexibilidad los miembros.
Por otra parte, ningún creyente duda de que Dios puede hacer que los niños desde su nacimiento tengan pleno dominio de sus miembros. Pero consta por la autoridad de la Escritura que Dios hizo al hombre recto. Esta rectitud consiste, como escribe el filósofo Agustín, en la perfecta sujeción del cuerpo al alma.
Por lo tanto, así como en el primer estado no podría haber en los miembros del hombre algo que fuera incompatible con la voluntad del hombre, tampoco de sus miembros podían venir impedimentos a la voluntad. Pues ésta es ordenada cuando tiende a actos proporcionados a ella, que van cambiando según la edad.
En conclusión, los niños al nacer no tenían poder para toda clase de movimientos, sino sólo para los proporcionados a su edad, como, por ejemplo, el mamar.

Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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