Miércoles, 18 de enero de 2006
Algunos antiguos doctores, atendiendo a la fealdad de la concupiscencia que conlleva este acto en la vida terrena, dijeron que en el estado primigenio de inocencia del ser humano no habría generación por coito.
A partir de este presupuesto, el escritor Gregorio de Nisa, en su libro titulado “De Homine”, dice que en el Paraíso terrenal el género humano se hubiese multiplicado sin unión carnal, del mismo modo como los espíritus angélicos se multiplicaron por obra del poder divino creador. Y añade que Dios creó macho y hembra en el primer estado previendo el modo de generación que habría de darse después del mal original.
Sin embargo para el Maestro Aquinatense esta explicación no es razonable. Pues lo que es natural en el hombre ni se le añade ni se le retira por el primer pecado. Es evidente que el engendrar por coito es propio de la naturaleza animal del hombre, como lo es de los demás animales perfectos. Esto lo dejan al descubierto los miembros naturales destinados para tal efecto, por lo que no hay por qué afirmar que no tuviesen su función propia antes del pecado, como la tenían los demás miembros del cuerpo humano. 
Ciertamente, en el coito del estado actual terreno del ser humano hay que señalar dos aspectos.
Uno, propio, que es la unión específica del hombre y de la mujer para engendrar. Pues en toda generación se requiere un principio activo y otro pasivo. Y como en todos los seres con distinción de sexos el principio activo está en el macho y el pasivo en la hembra, la misma naturaleza exige la unión de ambos para engendrar un nuevo ser.
El otro aspecto que se puede considerar es la deformidad de una concupiscencia desenfrenada, la cual no debió existir en el estado de inocencia, por estar allí sometidas las facultades inferiores a las superiores.
Por eso en XIV “De Civitate Dei”, su autor el filósofo de Hipona escribe que “lejos de nosotros sospechar que no pudieran engendrar sus hijos sin intervención libidinosa. Pero esos miembros, como los demás, se movían sometidos en todo a la voluntad humana: sin ardor, sin provocación, con el espíritu sosegado y con el cuerpo relajado”.
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com