Sábado, 07 de enero de 2006
En el estado original de inocencia habría generación que multiplicase a los serres humanos. De no ser así, el mal moral original del hombre hubiera sido muy necesario como medio para alcanzar un gran bien.
Hay que tener en cuenta que el ser humano, por naturaleza, es algo intermedio entre lo corruptible y lo incorruptible, ya que su principio anímico, tambiém por naturaleza, es incorruptible, mientras que el cuerpo es corruptible.
La naturaleza se inclina siempre a lo que continuamente es algo esencial a ella. Pero a lo que sólo tiende durante cierto tiempo, no es algo primario en la natura sino subordinado a otro. En caso contrario, su desaparición supondría la cesación de la tendencia de la naturaleza. 
Y porque en los seres corruptibles sólo la especie perdura siempre y continuamente, en éstos el bien de la especie, a cuya conservación se ordena la generación, es el fin principal de la natura. Por el contrario, las sustancias incorruptibles permanecen siempre específica e individualmente. Por lo cual, en ellas, la conservación de los individuos constituye también el fin principal de la naturaleza.
Así, pues, al hombre le corresponde la generación en su parte corporal, que, en cuanto tal, es corruptible. Por lo que respecta al alma, que es incorruptible, corresponde a su naturaleza -o mejor, al Autor de la naturaleza, único creador de las almas- el intento de multiplicar los individuos. Así, se estableció la generación, incluso en su estado primigenio de inocencia, para multiplicar el género humano.
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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