Jueves, 29 de diciembre de 2005
Según el filósofo Averroes, por la unión al entendimiento posible conocemos las cosas materiales. Y por medio del entendimiento agente conoce las sustancias separadas. Atribuyendo a un tal Alejandro que el entendimiento posible nunca llega a conocerlas porque es corruptible.
Pero para el Maestro Tomás de Aquino las explicaciones anteriores dadas por los filósofos son insostenibles y lo razona prolijamente.
Primero, porque si el entendimiento agente es sustancia separada, es imposible que conozcamos formalmente por él. Pues aquello por lo que formalmente obra un agente es su forma y su acto, ya que todo agente actúa en cuanto que está en acto.
Segundo, porque, siguiendo dicha explicación, si el entendimiento agente fuera sustancia separada, no se uniría a nosotros sustancialmente, sino sólo por su luz, en cuanto que es participada por los entendimientos especulativos. Pero no en cuanto a sus restantes operaciones, que serían lo que a nosotros nos permitirían entender lo inmaterial. Así, cuando vemos los colores iluminados por el sol, no se une a nosotros la sustancia del sol de forma que podamos hacer lo que él hace, sólo se nos une la luz del sol, la cual nos capacita para ver los colores. 
Tercero, porque aun admitiendo que la sustancia del entendimiento agente se uniera a nosotros tal como lo explica Averroes, sin embargo, ellos afirman que no lo haría totalmente según uno o dos inteligibles, sino según todo lo especulado. Pues todos los inteligibles conocidos no colman la capacidad del entendimiento agente, porque mucho más es entender las sustancias separadas que entender todo lo material. Por eso resulta evidente que, incluso conocido todo lo material, el entendimiento agente no se uniría a nosotros de manera que por él pudiéramos conocer las sustancias separadas.
Cuarto, porque apenas se hallaría alguien en este mundo que conociera todo lo inteligible material, llegando, por eso, pocos o ninguno a ser felices. Esto va contra lo dicho por el Filósofo cuando, en I Ethicis escribe que la felicidad es “un cierto bien común que puede llegar a todos los que no estén desprovistos de virtud”. Además, es absurdo que sólo consigan el fin de una especie muy pocos de los individuos que la constituyen. 
Quinto, el Filósofo en I Ethicis también dice expresamente: La felicidad es “una operación de la virtud perfecta”. Enumeradas muchas virtudes, en el libro X concluye que la felicidad última, consistente en el conocimiento de los supremos objetos inteligibles, corresponde a la virtud de la sabiduría, de la que en el libro VI había colocado a la cabeza de las ciencias especulativas. Por eso resulta evidente que Aristóteles pusiera la última felicidad del hombre en el conocimiento de las sustancias separadas, tal como puede obtenerse por las ciencias especulativas; y no por la prolongación del entendimiento agente que algunos otros imaginaron.
Sexto y último, el entendimiento agente no es sustancia separada, sino una determinada facultad del alma que se extiende activamente a todo lo que pasivamente se extiende el entendimiento posible. Porque, como se dice en III De Anima, “el entendimiento posible es aquello que permite al alma hacerse todas las cosas”; el entendimiento agente es aquello por lo que “puede hacerlo todo”.
Por lo tanto, ninguno de los dos alcanza, durante la vida terrena, más que lo material, que el entendimiento agente lo convierte en inteligible en acto y es recibido en el entendimiento posible. En definitiva, durante la vida terrena, ni el entendimiento posible ni el agente pueden conocer lo inmaterial en sí mismo.
Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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