Miércoles, 28 de diciembre de 2005
Nacho, Ana, Elisabet, Feli, Toni, Andrea, Nuria, Berta, Oscar, Jorge, Marta, Loreto, Ada, Edu, Dani, Diana, Bea, Vanesa, Alvaro…
Unos casi todavía adolescentes decían haber pasado un fin de semana maravilloso, pues habían salido de casa por la tarde y la vuelta no fue hasta las primeras horas de la mañana del domingo. Entre las calles y una casi oscura y estrepitosamente ruidosa sala estos jóvenes agotaron las doce horas programadas. Unos botellones de cerveza y alguno que otro canutillo de no se sabe qué sustancias les habían ayudado a ir consumiendo el tiempo para ellos de diversión. ¡Qué bien lo estaban pasando!
Pero la resaca del día siguiente, con las vomitonas en la aceras, la pesadez de los ojos caídos por el sueño, el cansancio general del cuerpo y otras muchas cosas más, habían tirado al traste la felicidad que habían creído alcanzar la noche anterior. Todo había sido una ilusión para unos y una alucinación para otros, pues ahora se encontraban con las manos vacías de aquello que les había ilusionado momentaneamente. 
Cuando el lunes se volvieron a encontrar en el instituto, los comentarios surgidos entre ellos olían bastante a decepción. Se les notaba una clara insatisfacción. El malestar general que habían sufrido el domingo les había apagado aquella aparente felicidad del fin de semana.
Y es que el frescor nocturno de las calles, las envueltas de bebidas, las sustancias añadidas, el ambiente cargado de la discoteca, el trasnochar sin medida, y otros excesos más, se encargron de confundir a los muchachos y muchachas haciendoles sentir lo que en realidad no fue verdadero vehículo de bienestar y felicidad. Es como la fruicción que se siente cuando para aliviarse de algún picor uno se rasca hasta luego producir dolor.
Analizando su comportamiento aquel fin de semana, en la clase de ética, aquellos jóvenes cayeron en la cuenta de que en realidad no lo habían pasado tan bien; que aquello en que habían puesto todo su empeño para ser felices, les había desilusionado, ya que el pretendido bienestar ilusorio no tuvo repercusión en la parte más noble de su ser humano; su inteligencia no tomó parte en el proceso de búsqueda de la felicidad. Había sido marginada totalmente. En consecuencia no se habían sentido personas durante aquel fin de semana. Por eso no fue feliz.
Por: BVDelgado | xMoral | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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