Viernes, 16 de diciembre de 2005
A partir de la diversificación de las partes del mundo, y, después, de su ornamentación de cada una de dichas partes, cosa que se hace con todos lo que las habitan, se deduce la distinción de los días de la semana.
Según algunos escritores antiguos, en la criatura corpórea se señalan tres partes: La superior, indicada con el nombre de “cielo”; la mediana, señalada con el nombre de “agua”; y la inferior, subrayada con el nombre de “tierra”.
Por eso, según los pitagóricos, y tal como consta en el I De Caelo, de Aristóteles, la perfección se sitúa en los tres: en el principio, medio y fin. La parte supeperior fue diversificada en el primer día y ornamentada en el cuarto; la mediana, fue diferenciada en el segundo y adornada en el quinto; la inferior, diversificada en el tercero y ornamentada en el sexto.
El filósofo Agustín de Hipona, por su parte, concuerda con estos autores en lo referente a los tres últimos días, pero no en lo referente a los tres primeros. Porque, según él, en el primer día fue formada la criatura espiritual, y en los otros dos la corporal. En el segundo, se formaron los cuerpos de arriba, y en el tercero los de abajo.
De este modo, la perfección de las obras creadas se corresponde con la del número seis, el cual está formado por la unión de sus distintas partes: Uno, dos y tres. Un día, pues, es asignado a la creación de la criatura espiritual; dos a la formación de la criatura corporal; y tres a la ornamentación de ambas.
Por: BVDelgado | Cosmología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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