Viernes, 09 de diciembre de 2005
Dentro del mundo de los seres humanos cabe sugerir la cuestión de si una persona puede tener dominio sobre otras.
El concepto de dominio puede tomarse en una doble acepción. Una, como opuesto a la servidumbre; y en este sentido domina aquella persona que tiene un criado. La otra acepción, hace referida a cualquier modo de tener a alguien sometido a su persona; y en este sentido domina quien tiene el gobierno o dirección de personas libres.
El dominio en el primer sentido indicado arriba no se daba en el estado primigenio del ser humano. Mientras que el segundo tipo de dominio ciertamente era posible.
Y el porqué de esto radica en que el siervo y la persona libre difieren en que “el libre es dueño de sí”, como dice el Filósofo al comienzo del libro “Metaphysicis”; por el contrario el criado depende de su amo. Hay, por tanto, servidumbre cuando se retiene a alguien para utilidad propia.
Además porque todos desean el bien propio y se entristecen cuando lo propio debe ser cedido en favor de otro, por lo que este dominio conlleva la aflicción en los sometidos. De ahí que eso no podía darse en el estado de inocencia del ser humano. 
Por el contrario, el dominio libre coopera al bien del sometido o del bien común. Esta dominación es la que existía en aquel estado de los inicios del ser humano. Y para ello encontramos un doble motivo explicativo.
El primero, porque el hombre es por naturaleza animal social, y en el estado primigenio de la humanidad vivieron en sociedad. Ahora bien, la vida social entre muchos no se da si no está al frente alguien que los oriente al bien común, ya que la multitud de por sí tiende a muchas cosas; mientras que uno sólo propende a una. Por esto ya escribió el Filósofo en su “Politicis” que, cuando muchos se ordenan a algo único, siempre se encuentra uno que es primero y dirige.
El segundo motivo, porque si un hombre tuviera mayor ciencia y justicia que los demás, surgiría el problema si no lo pusiera al servicio del bien común. Agustín de Hipona, en XIX “De Civitate Dei”, dice: “Los justos no mandan por el deseo de mandar, sino por el deber de aconsejar. Así es el orden natural”.
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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