Martes, 06 de diciembre de 2005
Al buscar un concepto de la felicidad humana, nos cuestionamos, entre otras, si se requiere la existencia de delectación para ser perfectamente feliz el ser humano.
En un intento de análisis de la realidad, constatamos que se requieren distintos modos de existir una cosa para que se dé otra.
Uno, si a la cosa la tomamos como preámbulo o preparación, para que exista otra cosa; así, por ejemplo, se necesita haya disciplina para la ciencia.
Otro, tomándolo como lo que perfecciona una cosa, verbigracia, del mismo modo como se precisa el alma para que el cuerpo tenga vida.
Un tercer modo, como coadyuvante extrínseco a dicha realidad; por ejempo, de igual manera que se requieren los amigos para poder llevar a cabo alguna actividad. 
Y el último modo, en el sentido de algo concomitante a las cosas, como si dijéramos que se precisa el calor para que se dé el fuego.
Y, concretamente, de este último modo se requiere la delectación para llegar a la felicidad última, porque el deleite es causado por el hecho de que el apetito descansa en el bien conseguido. Por eso, no puede haber bienaventuranza sin delectación concomitante, pues la felicidad perfecta no es otra cosa que la consecución del bien sumo.
Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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