Viernes, 18 de noviembre de 2005
En el supuesto estado de inocencia del ser humano en sus orígenes, nada se oponía a su sometimiento natural. Todo animal estaba por naturaleza sometido al hombre.
Según el proceso de toda la naturaleza, en la generación de las cosas se detecta un orden que va de lo imperfecto a la perfecto, la materia se ordena a la forma, y la forma inferior a la superior.
Así también sucede en el uso de las cosas naturales, en el que las imperfectas están al servicio de las perfectas: las plantas viven de la tierra; los animales, de las plantas; los hombres, de las plantas y animales. De donde se deduce que este dominio de los animales es natural al hombre. Por eso justificaba el Filósofo en I Politicorum, que la caza de animales salvajes es justa y natural, pues por ella el hombre reivindica lo que por naturaleza es suyo.
El sometimiento de los animales al hombre ciertamente es un hecho natural. Pues en los primeros se advierte, por una estimación que les es natural, una cierta participación del equilibrio en hechos concretos; mientras que en el hombre se encuentra la prudencia universal, razón de toda acción.
Por otra parte, todo lo que es por participación está por debajo de lo que es esencial y universal. Por todo lo cual, concluímos que el sometimiento de los animales al hombre es natural.
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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