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Sábado, 12 de noviembre de 2005

conocimientos especulativos

A partir de que el ser humano se especifica por su inteligencia, nos preguntamos si consiste la felicidad última del hombre en la consideración de los saberes especulativos

El ser humano puede ser poseedor de una felicidad perfecta y también de otra imperfecta. Ahora bien, hay que entender por bienaventuranza perfecta la que alcanza la verdadera razón de felicidad, y por bienaventuranza imperfecta la que no la alcanza, sino que participa de una cierta semejanza particular de la bienaventuranza. Del mismo modo como la prudencia se encuentra en la persona, en quien se da la razón de las cosas factibles, mientras que una prudencia imperfecta se da en algunos animales brutos, en quienes hay algunos instintos particulares para algunas obras similares a las de la prudencia humana.

Así, pues, la felicidad perfecta humana no puede consistir en la consideración de las ciencias especulativas. Para verlo claramente, es necesario advertir que esta consideración no se extiende más allá de la posibilidad de los principios de esa ciencia, porque en los principios de la ciencia se contiene virtualmente toda la ciencia.
Sin embargo, los primeros principios de las ciencias especulativas se reciben mediante los sentidos, como lo demuestra Aristóteles en el principio del libro “Metafísicos”, y al final del “Postreros”. Por tanto, toda la consideración de las ciencias especulativas no puede extenderse más allá de adonde puede llevar el conocimiento de las cosas sensibles.
Pero la felicidad suprema del hombre, que es su perfección última, no puede consistir en el conocimiento de las cosas sensibles; pues nada inferior perfecciona a algo superior, a no ser que en lo inferior se dé alguna participación de lo superior. Pero está claro, por ejemplo, que la forma de la piedra, o de cualquier otra cosa sensible, es inferior al hombre.
Por eso, la inteligencia no se perfecciona por la forma de la piedra en cuanto es tal forma, sino en cuanto en ella se participa alguna semejanza de algo que es superior al entendimiento humano, es decir, la luz inteligible o algo así. Por eso conviene que la perfección última del hombre sea mediante el conocimiento de alguna cosa que sea superior al entendimiento humano.
Ahora bien, mediante las cosas sensibles no se puede llegar al conocimiento de las cosas separadas de la materia, que son superiores al conocimiento humano. Luego queda que la felicidad última del hombre no puede estar en la consideración de las ciencias especulativas, sino que, del mismo modo que en las formas sensibles se participa alguna semejanza de las sustancias superiores, la consideración de las ciencias especulativas es cierta participación de la bienaventuranza verdadera y perfecta.

Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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