Viernes, 11 de noviembre de 2005
En los más remotos orígenes de la humanidad, cuando el poso de los tiempos era absolutamente nulo, ¿los sentimientos humanos también participaban de esta limpidez original?
Los sentimientos pasionales del alma residen en el apetito sensitivo, cuyo objeto, sabemos todos, es el bien y el mal. Por eso unas pasiones del alma, como el amor y el gozo, se ordenan al bien; y otras, como el temor y el dolor, se refieren al mal.
Como suponemos que en el estado primitivo del género humano no había ni amenazaba ningún mal ni faltaba ningún bien cuya posesión pudiera desear entonces la voluntad recta, según dice el filósofo Agustín en XIV “De Civitate Dei”, las pasiones que se centran en el mal, como es el caso del temor, el dolor y otras semejantes, no se pudieron dar en el primer ser humano; ni tampoco tuvo las que se refieren al bien no poseído pero que se va a poseer, como sería, por ejemplo, un deseo ardiente. 
Pero también es cierto, las pasiones que pueden referirse al bien presente, como el gozo y el amor, y las que hacen referencia a un bien futuro, como el sucede con el deseo y la esperanza, que no causan tristeza, se dieron en el estado de inocencia del primer humano.
Aunque, ciertamente, existieron en él de modo distinto a como están ahora ya que el apetito sensitivo, en el que residen todas los sentimientos pasionales, no está totalmente sometido a la razón, por lo cual, a veces, las pasiones anteceden al juicio de la razón o, incluso, lo impiden, así como otras veces, le siguen, en el sentido de que el apetito sensitivo obedece, en cierto modo eso sí, a la razón.
En el estado de inocencia del primer hombre, en cambio, el apetito inferior estaba totalmente sometido a la razón; por eso no se daban más pasiones del alma que las procedentes a partir del juicio racional.
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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