Jueves, 10 de noviembre de 2005
Es cierto que el saber cosas nos hace felices y cuantas más sean éstas, la felicidad irá en aumento. Por lo que se me ocurre imaginar que si en un momento llegáramos a conocer todo, ese día habríamos conseguido la felicidad plena.
Ciertamente, la felicidad última del ser humano consiste más en una operación del entendimiento especulativo que del práctico; lo que podemos demostrar recurriendo a tres razonamientos.
El primero, porque, si la bienaventuranza humana es una operación de la persona, no dudamos debe ser la mejor acción del hombre. Mas esta operación corresponderá a la más digna potencia respecto del mejor objeto. Ciertamente esta capacidad humana no es otra que la inteligencia, cuyo objeto más excelente es el bien divino. Pero también es cierto que este objeto no corresponde al entendimiento práctico, sino al especulativo.
Por consiguiente, en esta operación, es decir, en la contemplación de las cosas del Ser divino, consiste fundamentalmente la felicidad suprema del hombre. Y porque “parece que cada uno es su parte mejor”, como se dice en los libros IX y X Ethicorum, por eso mismo esta operación es la más adecuada al hombre y la más agradable.
El segundo argumento surge de que la contemplación se busca sobre todo por sí misma, mientras que el acto del entendimiento práctico se indaga por la acción misma, que también se ordena a un fin. Por consiguiente, está claro que el último fin no puede consistir en la vida activa, que pertenece propiamente a la inteligencia práctica.
Y la tercera razón también surge de que, en la vida contemplativa el hombre entra en contacto con los seres superiores, es decir, con Dios y los espíritus, a quienes se asemeja por la felicidad última. Mientras que en las cosas que pertenecen a la vida activa, también los otros animales tienen, en cierto modo, algo en común con el hombre, aunque imperfectamente.
En conclusión, la felicidad última y perfecta del ser humano, que se espera plenamente en la vida futura, consistirá toda ella en la contemplación. También la bienaventuranza imperfecta, como puede poseerse ya aquí, consiste en primer lugar y principalmente en la contemplación; pero, en segundo lugar, en la operación del entendimiento práctico quien se encarga de ordenar todas las acciones y también el mundo de las pasiones humanas, como se dice en “X Ethicorum”.
Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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