Miércoles, 02 de noviembre de 2005
Si quitamos de nuestra mirada aquello que hace opaco lo que vemos, nos damos cuenta que todas las cosas de por sí son buenas. Entonces nos preguntamos si éstas realidades son así “por sí” o por bondad divina.
Nada impide que los seres que dicen relación a algo, reciban su denominación por ese algo externo a ellos; así, por ejemplo, de una persona decimos que está localizada por el lugar que ocupa o como también un objeto está medido por referencia a la medida.
Pero por lo que respecta a los términos absolutos, ha habido diversas opiniones al respecto. Así, Platón estableció las especies separadas de todas las cosas; de este modo los individuos son llamados tales en cuanto participan de las especies separadas. Por ejemplo, a Sócrates se le llama hombre en cuanto es especie separada de hombre.
Además, así como el padre del platonismo mantenía la idea separada, verbigracia, de hombre, y lo llamaba “hombre por sí”, o de caballo, denominándolo “caballo por s”í, del mismo modo mantenía la idea separada de ser y lo llamaba “ser por s”í; y de uno, nombrándolo “uno por s”. De modo que a cada una de sus participaciones se llama ser o uno.
Y aquello que es ser por sí y uno por sí, Platón lo denominaba sumo bien. Como quiera que el bien metafísico se identifica con el ser y con el uno, decía el filósofo que el bien “por sí” era Dios, siendo todas las demás cosas buenas “por participación”. 
Aun cuando esta opinión pueda parecer sin fundamento, ya que no puede sostenerse que las especies separadas de las cosas naturales subsistan por sí mismas, como demuestra luego Aristóteles abundantemente, sin embargo, es absolutamente cierto que, y en eso se concuerda con Aristóteles, lo primero es aquello que es ser y bueno por esencia, a lo que nosotros llamamos Dios.
De este primero, que es ser y bueno por esencia, todas las cosas pueden recibir su denominación tanto de seres como de buenas, pues, participan de él si bien lejana y deficientemente, con una cierta semejanza. Así, cada cosa puede ser llamada buena por bondad divina como principio primero, ejemplar, efectivo y final de toda bondad.
Sin embargo, todo puede ser llamado bueno por la semejanza con la bondad divina que lleva inherente, que es formalmente su bondad, y por la que se le llama así. De este modo, hay una sola bondad de todo y, a un tiempo, muchas otras bondades.
Por: BVDelgado | Teodicea | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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