Sábado, 29 de octubre de 2005
Dentro de la complejidad del cosmos encontramos que los modos de aparecer los animales es múltiple. El pensamiento filosófico clásico ha intentados encontrar una síntesis la más cercana a la racionalidad.
El filósofo árabe Avicena sostuvo que todos los animales pueden generarse a partir de alguna mezcla de los elementos, no seminalmente y por vía natural. Pero para el Maestro Tomás esto parece poco correcto. Porque la naturaleza se encamina hacia sus efectos con medios concretos; por eso, aquellos seres cuya reproducción natural es seminal, no pueden engendrarse naturalmente sin seminación.
De este modo, hay que decir que, en la procreación natural de los animales, el principio activo es la fuerza formativa que radica en el semen, para aquellos que se generan por seminación.
Para aquellos que se reproducen a partir de la putrefacción de sus elementos, el lugar de su fuerza formativa está en el cuerpo celeste. El principio material de la generación de ambos animales es alguno de los elementos o un derivado de dicho elemento.
En la primera institución de las cosas, el principio activo no fue otro que la palabra del Creador, que, a partir de la materia fundamental, produjo animales en acto, según exponen algunos escritores antiguos clásicos; mientras que para Agustín de Hipona la producción fue en potencia.
Ahora bien, no porque el agua o la tierra contengan la capacidad de producir todos los animales, como sostuvo filósofo escritor Avicena, sino porque esto mismo que, a partir de la materia fundamental, por la fuerza seminal o estelar, pueden producir los animales, es debido precisamente a la capacidad concedida a los elementos en su misma constitución original.
Por: BVDelgado | Cosmología | Comentarios (3) | Referencias (0)
luisa | 26-07-2006 11:44:34
jordy | 04-08-2006 22:09:54
necesita mas informacion para saber un poco mas y mas fotos, quisiera saber sobre la reproduccion de los animales de todo tipo desde bichos incluso
vanessa | 13-09-2006 20:10:04
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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