Domingo, 23 de octubre de 2005
Entre otros vestigios impresos en nuestra mente, la huella del Creador prevalece sobre todas las demás.
Aunque en todas las criaturas hay alguna semejanza de Dios, sólo en la criatura racional se encuentra la imagen del Ente, mientras que en las demás se encuentra sólo como vestigio. No en vano la criatura racional es superior a las otras por la inteligencia o mente. Aunque tampoco en la criatura racional se encuentra la imagen de Dios a no ser según la mente. En las demás partes integrantes de la criatura racional se encuentra la semejanza de vestigio, como en las demás cosas a las cuales se asemeja también por tales partes.
El porqué de esto, resulta evidente considerando el modo de representar del vestigio y de la imagen. Esta reproduce en semejanza específica, mientras que el vestigio lo hace como efecto que imita su causa sin llegar a la semejanza específica. Es el caso, por ejemplo, las huellas que dejan los animales en sus movimientos se llaman vestigios; la ceniza es vestigio del fuego; la desolación de una ciudad arrasada en una guerra es vestigio del ejército enemido.
Esta diferencia puede encontrarla entre las criaturas racionales y las irracionales en dos aspectos:
En cuanto a la representación en las criaturas de una semejanza de la naturaleza divina. Y en cuanto a la semejanza de la naturaleza divina, la criatura racional parece llegar a constituir una representación específica, en cuanto que imita a Dios, no sólo como ser viviente, sino como inteligente.
Las otras criaturas, en cambio, no entienden, pero aparece en ellas un vestigio de la mente que las produce, si consideramos su armónica disposición. En las demás criaturas no se da el principio de la palabra ni la palabra, ni el amor; pero sí se da en ellas cierto vestigio que pone al descubierto su existencia en la causa productora.
Pues al tener la criatura una sustancia modificada y limitada pone al descubierto que procede de un principio; su especie hace patente la palabra del que la produce, como, por ejemplo, la forma de la casa pone al descubierto la concepción del arquitecto, y el orden de sus componentes revela el amor del principio productor, por el que el efecto se ordena al bien, de la misma manera que el uso del edificio pone al descubierto la voluntad del arquitecto.
Así, pues, en el hombre se encuentra la semejanza de Dios como imagen en cuanto a la mente y como vestigio en sus otras partes componentes.
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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