Viernes, 21 de octubre de 2005
Por propia experiencia comprobamos que el ser humano presenta a veces comportamientos de “veleta” ante la verdad que dice poseer en un determinado momento.
Comenzamos diciendo que el ámbito de la verdad propiamente se da en la inteligencia, y las realidades son llamadas verdaderas por la verdad que hay en algún entendimiento.
Por lo tanto, la mutabilidad de la verdad hay que analizarla con respecto a la inteligencia, cuya verdad consiste en que ésta tenga conformidad con las cosas conocidas. 
Ahora bien, dicha adecuación puede cambiar de dos maneras, lo mismo que cualquier otra semejanza, según se dé el cambio de uno de los términos de la comparación. Una primera, por parte del entendimiento, según se tenga una u otra opinión de una misma cosa. Y la otra manera, si, manteniendo el mismo juicio sobre una cosa, esa realidad no cambia.
Consecuentemente, si hay alguna inteligencia en la que no pueda darse un cambio de opinión, o al que no se le escape nada, esto es, que pueda equivocarse, entonces en ella la verdad es inmutable. Este sería el caso del entendimiento del Ente primero. De ahí que la verdad de esta inteligencia divina sea inmutable.
En cambio, la verdad que anida en la inteligencia humana es cambiable. No porque ésta esté sometida a mutación por sí misma, sino porque nuestra inteligencia pasa de la verdad a la falsedad. Por eso, puede decirse que las formas son cambiables.
Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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