Jueves, 20 de octubre de 2005
Es tendencia del ser humano llegar a participar del bien al máximo. Pero, ¿dónde encontrarlo? El porcentaje mayor de filósofos de toda la historia lo ponen en el Ser, con mayúscula, Dios.
El Maestro Tomás de Aquino forma parte de esta pléyade de pensadores y afirma con rotundidad que Dios es absolutamente el sumo bien, y no sólo en algún género o en algún orden de cosas, en cuyo caso habría que relativizarlo.
Ciertamente, se atribuye a Dios el bien en cuanto todas las perfecciones deseadas por el hombre dimanan de El como primera causa. No es que procedan del Ente como de un agente unívoco, sino como de un factor que no se corresponde con los efectos ni por razón de la especie ni por la del género. 
Sabemos que la semejanza del efecto se encuentra en la causa unívoca, y valga la redundancia, uniformemente. En cambio, en la causa equívoca se halla ésta de forma más sublime, como es el caso, por ejemplo, del calor el cual se encuentra de forma más sublime en el sol que en el mismo fuego.
En conclusión, dado que el bien está en Dios como la primera causa no unívoca, es necesario consecuentemente que el bien esté en El de modo más sublime. Y por esto se le llama sumo bien.
Por: BVDelgado | Teodicea | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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