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Martes, 18 de octubre de 2005

criatura y Creador

Teniendo presente los conceptos dados de Dios y de hombre, resulta un tanto difícil comprender que entre la criatura humana y su creador pueda darse alguna semejanza.

La noción de semejanza responde, por definición, a la correspondencia o comunicación en la forma. Mas, como comenzamos presuponiendo la existencia de muchos modos de comunicación en la forma, consecuentemente, la semejanza será también múltiple.
Se llaman semejantes aquellas cosas que se comunican en la misma forma por idéntica razón y en el mismo modo. Y éstas no sólo son semejantes, sino iguales en su semejanza. Así en el caso de dos realidades blancas, éstas son semejantes en la blancura. Estamos aquí ante la semejanza más perfecta.
También son llamadas semejantes aquellas entidades que se comunican en la misma forma, y por idéntica razón; pero no en el mismo modo, sino en más o menos grados. Con el ejemplo anterior, decimos que lo menos blanco es semejante a lo más blanco. Podemos calificar esta segunda semejanza de imperfecta.
En tercer lugar, llamamos semejantes aquellas cosas que se comunican en la misma forma, pero por contraposición a la anterior, no basado en la misma razón. Esto resulta evidente en los agentes no unívocos. Ya que como todo sujeto hace algo semejante a sí mismo en cuanto agente, y todo lo crea según su forma, en consecuencia, es necesario admitir que en el efecto resultante haya alguna semejanza de la forma de su sujeto.
De esta manera, si el agente pertenece a la misma especie de su efecto, por tanto habrá semejanza de forma entre el que lo hace y el producto por la misma razón de la especie. El ser humano, por ejemplo, engendra un ser humano.
En cambio, si el sujeto no pertenece a la misma especie, ciertamente, habrá semejanza, pero no en función de la misma razón de la especie. Como, por ejemplo, las cosas que son generadas por la fuerza del sol, tienen alguna semejanza con el sol, pero no porque reciban la forma del astro del día por la semejanza en la especie, sino por la semejanza en el género.

Así, pues, si hay algún agente que no pertenezca a ningún género, sus efectos tendrán todavía una semejanza más remota con la forma del agente. Sin embargo no participarán de la semejanza de la forma del que lo ha hecho por razón de la misma especie o del mismo género, sino por una cierta analogía, ya que el mismo ser es común a todos.
De este modo, todas las cosas, que decimos proceden de Dios, se asemejan a El en cuanto seres como al principio primero y absoluto de todo ser.

Por: BVDelgado | Teodicea | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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