Lunes, 17 de octubre de 2005
Para terminar con la explicación que nos viene de los dos precedentes post, ahora nos fijamos específicamente en el ser humano y nos cuestionamos si el alma sensitiva, la intelectiva y la nutritiva, en el hombre son numéricamente la misma.
Cómo sucede esto, se puede comprobar fácilmente reflexionando sobre las diferencias que se dan entre las especies y las formas.
Pues observamos que las especies y las formas se distinguen entre sí por su mayor o menor perfección. Así podemos ver en el orden natural que los seres animados son más perfectos que los inanimados; los animales son más acabados que las plantas; el hombre más perfecto que los animales, y aun dentro de estos géneros encontramos diversos grados. 
El mismo Aristóteles, en VIII Metaphysicorum, compara las especies de las cosas a los números, los cuales varían de especie por la suma o resta de la unidad. Y en el libro II De Anima compara las diversas almas a las especies de las figuras, en las cuales unas contienen a otras, como, por ejemplo, el pentágono encierra al cuadrilátero y es mayor que él.
Así, pues, el alma intelectiva incluye virtualmente todo lo que hay en el alma sensitiva de los seres irracionales y lo que hay en el alma vegetativa de las plantas.
Por lo tanto, siguiendo el ejemplo anterior, así como una superficie pentagonal no tiene figura de cuadrilátero por una parte y de pentágono por otra, ya que la primera es superflua al estar contenida en la segunda, así tampoco, por ejemplo, Sócrates es hombre en virtud de un alma y a la vez animal en virtud de otra, sino que lo es por una y la misma alma.
Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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