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Domingo, 16 de octubre de 2005

…y el alma principio de vida?

Si suponemos que el alma se une al cuerpo como forma del mismo, resulta totalmente imposible que en ese cuerpo haya muchas almas esencialmente distintas.

Continuamos el desarrollo del post en la misma línea del tema anterior. La argumentación probatoria puede apoyarse en tres razones.

La primera, porque se daría el caso de que el animal en el que hubiese muchas almas, esencialmente no sería uno. Pues nada es esencialmente uno sino en virtud de la forma única por la que tiene el ser, puesto que del mismo modo se tiene el ser que la unidad.
Por eso, las realidades cuya denominación se debe a formas diversas, esencialmente no son una; así, por ejemplo, hombre blanco. Pues si el hombre, en virtud de una forma, esto es, el alma vegetativa, tuviese el vivir, y en virtud de otra, el alma sensible, fuese animal, y de una tercera, esto es, el alma racional, tuviera el ser hombre, habría que concluir que no es esencialmente uno.
Este es el argumento de Aristóteles contra Platón en su VIII Metaphysicorum, cuando dice que si la idea de animal y la de ser bípedo fuesen distintas, animal bípedo no constituiría una unidad absoluta. Por eso, en I De Anima, contra los que sostienen que en un mismo cuerpo hay distintas almas pregunta: ¿Qué es lo que las contiene?, es decir, ¿qué es lo que las establece en una sola unidad? A lo que no puede responderse que se unan por la unidad del cuerpo, pues, más bien, el alma contiene al cuerpo haciéndolo uno, y no al revés.

La segunda razón se basa en el modo de “predicación”, esto es, decir algo de un sujeto. Pues los “predicados” tomados de distintas formas, se dicen unos de otros de modo accidental cuando las formas no están relacionadas entre sí, como es el caso, por ejemplo, en lo blanco es dulce.
Si las formas están relacionadas entre sí, la “predicación” es necesaria siguiendo el segundo modo, cuando se dice de alguien algo esencial, porque el sujeto entra en la definición del predicado. Así, en el ejemplo anterior, debido a que el color presupone la superficie, si decimos que la superficie de un cuerpo está pintada, tendremos el segundo modo de “predicación esencial”.
Por lo tanto, si la forma por la que se dice que un ser es animal es distinta de aquella por la que es hombre, habría que concluir, o que uno de estos atributos no se puede predicar del otro, a no ser accidentalmente, esto es, siempre que las dos formas no estén relacionadas entre sí, o se tendrá el segundo modo de predicación esencial si una de las almas es presupuesto para la otra.
Para el Maestro Tomás de Aquino todo esto es resueltamente falso. Pues el término animal se predica sólo del hombre esencialmente y no de modo accidental. Ciertamente la entidad “hombre” no entra en la definición del ser animal, sino al revés.
Por lo tanto, es necesario concluir que la forma que hace a algo ser animal y la que lo hace ser hombre sea la misma. De lo contrario, el hombre no sería verdaderamente animal como lo es, ya que animal se predica del hombre esencialmente.

Y la tercera argumentación, toma fuerza racional en el hecho de que cuando una operación del alma es intensa, impide el desarrollo de la otra. Esto no sería así si el principio de las operaciones no fuese esencialmente uno.

Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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