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Martes, 11 de octubre de 2005

perfecciones de las cosas

¿Dios puede ser depositario de las perfecciones que encontramos en todas las cosas?

Sin duda alguna, en Dios están las perfecciones de todas las cosas. No en vano dice el comentarista Aristóteles en V Metaphysicorum que el Ente es absolutamente perfecto porque no le falta ninguna grandeza que se encuentra en cualquier género. Y esto lo razona el Maestro Tomás siguiendo dos grandes líneas.

Primera. Teniendo presente que todo lo que de una perfección está en el efecto, también tiene que estarlo en la causa efectiva. Esto se da por razón de su misma naturaleza si el agente es unívoco. Así, por ejemplo, el ser humano engendra otro ser humano. O también es el caso de modo más sobresaliente, si el agente es equívoco. Como, por ejemplo, en el sol está la semejanza de todo aquello que es engendrado por la fuerza del sol.
Resulta evidente que todo efecto preexiste virtualmente en la causa agente. Ahora bien, sabemos que la preexistencia virtual dada en la causa agente no es lo mismo que preexistir de un modo más imperfecto, sino, al contrario, es más perfecto. Sin embargo, cuando una realidad preexiste en la potencia de la su causa material es una forma más imperfecta de preexistir, ya que la materia conlleva en si imperfección; en cambio, el agente, en cuanto tal, es perfecto.
Así, pues, como quiera que Dios es la primera causa eficiente de las cosas, es necesario que dichas realidades preexistan ya en Dios de un modo más sobresaliente. Idéntica razón aporta el escritor Dionisio en el c.5 De Divinis Nominibus, al decir de Dios: “No es esto, ni aquello, sino todo como causa de todo”.

Segunda línea. Porque Dios, por definición, es el Ser que subsiste por sí mismo, por lo cual es necesario que contenga en su entidad toda la perfección del ser. Pues resulta evidente que, si, verbigracia, algo caliente no tiene toda la perfección del calor, esto es así porque no participa del calor perfectamente; sin embargo, si el calor fuera subsistente por sí mismo, nada le faltaría de la perfección del ser.
Dado que Dios es el mismo Ser subsistente, en consecuencia, no puede faltarle nada de la perfección del ser. Ciertamente, las perfecciones de todas las cosas pertenecen a la perfección del ser; pues son éstas son perfectas en tanto en cuanto tienen de algún modo ser. De ahí se sigue que ninguna perfección que se encuentran en las realidades le pueda faltar a Dios. Idéntica razón expresa Dionisio también en la citada obra cuando escribe sobre Dios: “No existe de un modo cualquiera, sino absolutamente; concentrando en sí mismo todo el ser de forma ilimitada e invariable. Y después añade: porque él mismo es el ser en lo que subsiste”.

Por: BVDelgado | Teodicea | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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