Martes, 11 de octubre de 2005

Las musas filosóficas de mi otero empíreo se me hacen presentes en cualquier escenario que me proporciona la naturaleza. Igualmente hace lúcida a mi mente el color amarillento de la mieses en verano, que el verde oscuro del campo de cereales en los inicios de maduración en el declive de la primavera; el monte bajo plagado de tomillos, como los robles aspirantes a atalayas; el panorama blanquecino y frío del crudo invierno, como los rigurosos calores del estío; el frescor que proyectan los variados y múltiples humedales, como las llanuras duras y secas de la tierra esteparia.
Invito al lector que haga también estos pequeños descansos en las ilustraciones que salpican los aparentemente plumbeos post filosóficos. Puede que las musas también acudan a la cita.
Por: BVDelgado | A-Filosofía en general | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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