Jueves, 06 de octubre de 2005
¿Cabe pensar que el ser humano, que se encuentra a nivel terrestre, pueda tener alguna relación de imagen y semejanza con el Ser Supremo, cuya morada la tiene en los Altos Cielos?
Cuando hablamos de semejanza entendemos que se da una cierta unidad entre los semejantes, pues lo uno en la cualidad causa la semejanza, según afirma el Filósofo en el V Metaphysicorum. Pero también es cierto que la unidad, por ser trascendente, es común a todos y puede acomodarse a cada uno, como sucede lo mismo con la bondad y la verdad.
Por eso, así como la bondad puede referirse a una realidad particular en el sentido de predisposición a ello, o también como una consecuencia que lo perfecciona, lo mismo sucede con la semejanza y la imagen.
La bondad es anterior al ser humano, en cuanto que éste es un bien particular; y, a su vez, el bien es posterior al ser humano, en cuanto que decimos de un hombre en particular que es bueno por la perfección de su virtud.
De la misma manera, se considera la semejanza como anterior a la imagen por ser más común que ella, y como algo que sigue a la imagen, porque significa cierta perfección de la misma, pues decimos que la imagen de una cosa es o no es semejante a aquella de la que es imagen según que la representa perfecta o imperfectamente. 
Así, pues, de lo dicho anteriormente, encontramos que la semejanza puede distinguirse de la imagen por dos aspectos.
Primero, como predisposición a la misma y existente en muchas cosas. Así considerada, la semejanza se mide por lo que es más común a las propiedades de la naturaleza intelectual conforme a las cuales se toma propiamente la imagen. Según esto, dice Agustín en el libro Octoginta trium quaestiones: “El espíritu, es decir, la mente, fue hecho, sin duda alguna, a imagen de Dios; las otras partes del hombre, lo perteneciente a las potencias inferiores del alma o al mismo cuerpo, algunos pretenden que hayan sido hechas a semejanza”. Y también en el libro De quantitate animae dice que la semejanza de Dios se considera en el alma en cuanto que es incorruptible, porque la corruptibilidad e incorruptibilidad son diferencias del ser en común.
Segundo,la semejanza puede ser considerada en cuanto significa la expresión y perfección de la imagen. En este sentido escribe el escritor Damasceno: Lo que es a imagen significa algo intelectual, libre y dueño de sí mismo; lo que es a semejanza significa la semejanza de virtud en la medida en que puede darse en el hombre. Y a eso mismo se refiere la otra expresión de que la semejanza pertenece al amor de la virtud, pues no hay virtud sin amarla .
Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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