Lunes, 03 de octubre de 2005
En esta labor de búsqueda del contenido de la felicidad última, de nuevo nos cuestionamos si tal vez la bienaventuranza del hombre consiste en algún bien del alma o espiritual.
Empezamos el post con el intento de aclarar algunos conceptos necesarios para el razonamiento. Cuando hablamos de fin nos podemos referir a dos realidades: a la cosa misma que deseamos alcanzar, y, por otra parte, a su uso, consecución o posesión.
Por tanto, cuando nos tratamos del fin último del hombre refiriéndonos a la cosa misma que deseamos como tal fin, entonces es imposible que el fin último del hombre sea su misma alma o algo de ella; ya que el alma, considerada en sí misma, es como existente en potencia, pues de ser sabia en potencia pasa a ser sabia en acto, y de ser virtuosa en potencia pasa a serlo en acto.
Pero es imposible que lo que en sí mismo es existente en potencia tenga razón de último fin, porque la potencia existe por el acto, como por su complemento. Por eso es no podemos aceptar en absoluto que el alma sea el último fin de si misma. 
De igual modo, tampoco puede serlo algo del alma, sea potencia, hábito o acto, porque el bien que es último fin es un bien perfecto con capacidad para saciar plenamente el apetito. Ahora bien, el apetito humano, que no es otro que la voluntad, tiene como objeto el bien universal, mientras que cualquier bien inherente al alma es un bien participado y, por consiguiente, particularizado.
Por tanto, tenemos que concluir con la imposibilidad de que alguno de estos bienes particulares sean el fin último del hombre.
Pero, si hablamos del fin último del hombre en el otros sentido, esto es, el de la consecución, posesión o uso de la cosa misma que se apetece como fin, entonces algo del ser humano, por parte del alma, pertenece al último fin, porque el hombre consigue la la felicidad última mediante el alma. Por tanto, la cosa misma que se desea como fin es aquello en lo que consiste la bienaventuranza y lo que hace al hombre plenamente feliz.
Pero se llama bienaventuranza a la consecución de esta cosa que el alma desea como fin. Luego hay que decir que la felicidad suprema es algo del alma; aunque aquello en lo que consiste la bienaventuranza es algo exterior al alma misma.
Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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