Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

desde mi otero

Martes, 27 de septiembre de 2005

Placer

Los deleites corporales, por ser los que conoce más gente, acaparan, en cierto modo, el nombre de placeres, como ya escribe Aristóteles en VII Ethicorum, aunque también hay delectaciones mejores. Entonces surge la pregunta: ¿La felicidad última del hombre consiste en el placer?

Comenzamos negando que en los deleites consiste propiamente la felicidad última. Ciertamente, en todas las cosas hay que distinguir lo que pertenece a su esencia y lo que es su accidente propio; así, por ejemplo, en el hombre es distinto el ser animal racional que el ser risible. Según esto, hay que considerar que toda delectación es un accidente propio que acompaña a la felicidad suma o a alguna parte de ella, porque se siente goce cuando se tiene un bien que es conveniente, sea este bien real, esperado o, incluso, recordado.
Pero si este bien conveniente es además perfecto, entonce se identifica con la felicidad suprema del hombre; si, en cambio, es imperfecto, se identifica con una parte próxima, remota o al menos aparente, de la dicha final. Por lo tanto, está claro que ni siquiera la deleitación que acompaña al bien perfecto es la esencia misma de la felicidad, sino algo que la acompaña en calidad de accidente.
Con todo, el placer corporal no puede acompañar, ni siquiera así, al bien perfecto, porque aquel es consecuencia del bien que perciben los sentidos, los cuales son facultades del alma que se sirven de un cuerpo. Es cierto que el bien perteneciente al cuerpo y es percibido por los sentidos no puede ser un bien perfecto del hombre. Porque superar el alma racional los límites de la materia corporal, la parte de ella que permanece desligada de órganos corpóreos, tiene cierta infinitud respecto al cuerpo y a sus partes vinculadas al cuerpo.
Lo mismo que los seres inmateriales son de algún modo infinitos respecto a los seres materiales, porque en éstos la forma queda contraída y limitada de algún modo por la materia y, por eso, la forma desligada de la materia es en cierto modo ilimitada. Y así, los sentidos, que son fuerzas corporales, conocen lo singular, que está determinado por la materia; mientras que el entendimiento, que es una fuerza desligada de la materia, conoce lo universal, esto es, lo que está abstraído de la materia y se extiende sobre infinitos singulares.

Por consiguiente, es claro que el bien conveniente al cuerpo, que causa una fruición corporal al ser percibido por los sentidos, no es el bien perfecto del hombre, sino un bien mínimo comparado con el del alma. Con razón la sentencia sapiencial afirma: Todo el oro, en comparación con la sabiduría, no es más que arena.Así, pues, el placer corporal ni se identifica con la felicidad última ni es propiamente un accidente de ella.

Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

Acerca de

mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

Búsqueda

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009