Viernes, 23 de septiembre de 2005
Para el Filósofo la risibilidad constituye la diferencia en la definición del ser humano: “animal risible”. ¿ Hasta qué punto podemos aceptalo?
En mis observaciones callejeras he encontrado que en el ser femenino esta definición se da casi absolutamente, no así en el género masculino. Me explico. En general, la expresión del rostro de la mayoría de los viandantes, y éste es el espejo del alma, está “serio” cuando vamos callejeando. Esta regla se rompe siempre en las mujeres cuando se intercambian el saludo en los encuentros fortuítos; mientras que en el hombre la sonrisa suele ser la excepción, en similares encuentros y saludos siguen manteniendo la expresión de seriedad. Os invito a convertiros también en observadores esporádicos de estas situaciones callejeras y que saquéis vuestras conclusiones.
La consecuencia que he sacado de mi observación, es que, en general, no podemos aplicar en toda su plenitud el contenido de esta definición aristotélica a los seres humanos masculinos. No sería este el caso de las mujeres, a las que sí podríamos seguir apellidando plenamente “animales risibles”, como explicación alternativa de la racionalidad humana.
Por: BVDelgado | A-Filosofía en general | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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