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Martes, 13 de septiembre de 2005

Somos incorruptibles

Podemos afirmar con toda certeza que el alma humana, a la que llamamos principio intelectivo del ser humano, goza de la incorruptibilidad.

El punto de partida de nuestra post es que algo puede corromperse de una manera sustancial o accidental.
Ahora bien, es imposible que algo subsistente se genere o se corrompa accidentalmente, esto es, por algo que a su vez es generado o corrompido. Pues a algo le corresponde ser engendrado o corromperse como de la misma manera le corresponde el ser, el cual se adquiere por generación y se pierde por corrupción. Por eso, lo que sustancialmente tiene ser, no puede generarse o corromperse más que sustancialmente.
En cambio, lo que no subsiste, por ejemplo, los accidentes y las formas materiales, se dice que es producido y que se corrompe por generación o corrupción de los elementos que lo componen.
Sabemos que sólo el alma humana es subsistente, no así las almas de los seres irracionales. Por eso esta almas animales se corrompen al corromperse sus cuerpos. En cambio, el alma humana no puede corromperse a no ser que se corrompiera sustancialmente. Mas esto es imposible que se dé no sólo con respecto al alma, sino también con respecto a cualquier ser subsistente que sea sólo forma. Ya que es evidente que lo que le corresponde a alguien sustancialmente, le es inseparable.
Pues bien, el ser corresponde sustanciaimente a la forma, que es acto. De ahí que la materia adquiera el ser en acto en cuanto adquiere la forma. Por eso, se corromperá cuando la forma desaparezca. Pero es imposible que la forma se separe de sí misma. De ahí que sea imposible también que la forma subsistente deje de existir.
Incluso suponiendo, como dicen algunos pensadores, que el alma estuviese compuesta a partir de la materia y de la forma, habría de decirse que es incorruptible. Ya que no hay corrupción más que allí donde se da contrariedad, pues las generaciones y corrupciones surgen de contrarios y se dan en contrarios. Por eso, los cuerpos celestes, al no tener materia sometida a contrariedad, son también incorruptibles.
Por su parte, en el alma intelectiva no puede haber ninguna contrariedad. Pues lo que recibe lo recibe según su modo de ser. Y lo que en ella se recibe no tiene contrariedad, porque incluso las razones de los contrarios en el entendimiento no son contrarios, sino que hay una sola ciencia de los contrarios. Por lo tanto, es imposible que el alma humana sea corruptible.

Puede ser también señal de esto el que cada ser por naturaleza desea ser como debe ser. En los seres que pueden conocer, el deseo sigue al conocimiento. En cambio, el sentido no conoce el ser más que sometido al aquí y ahora, mientras que el entendimiento aprehende el ser absolutamente y siempre. Por eso, todo lo que tiene entendimiento por naturaleza desea existir siempre. Ahora bien, un deseo propio de la naturaleza humana no puede ser un deseo vacío. En conclusión, toda sustancia intelectual es incorruptible.

Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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