Domingo, 11 de septiembre de 2005
Sabemos teóricamente y por experiencia que el mal implica ausencia de bien. Aunque también pensamos que no toda ausencia de bien es llamada mal.
Ciertamente, dicha ausencia de bien puede ser tomada tanto como privación y como negación.
Así, pues, la ausencia de bien tomada en el sentido de negación, no contiene razón de mal. En caso contrario se seguiría que aquellas cosas que carecen de existencia habría que tomarlas como malas. Igualmente, se diría que cualquier cosa es mala al no tener todo el bien que tienen las demás. En este supuesto, por ejemplo, el ser humano sería malo consecuentemente por no tener la velocidad de la cabra o la fortaleza del león.
Sin embargo, es corriente decir que la ausencia de bien tomada como privación de algo es un mal, como hacemos con la ceguera definida como la privación de la vista.
El sujeto de la privación y de la forma es uno y el mismo, esto es, el ser en potencia; tanto si es ser en potencia absolutamente, como en el caso de la materia prima, que es sujeto de la forma sustancial y de la privación de su opuesto; o bien sea ser en potencia relativamente, y en acto absolutamente, como sucede co el cuerpo transparente, que es sujeto de las tinieblas y de la luz.
Es evidente que la forma por la que algo está en acto consiste en una cierta perfección y un determinado bien. Así, todo ser en acto es un determinado bien. De manera parecida, todo ser en potencia, en cuanto tal, es un determinado bien, en cuanto que está ordenado al bien. Es un ser en potencia como es un bien en potencia.
Con todo este entramado teórico podemos que concluir lógicamente que el bien es el sujeto del mal.
Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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