Viernes, 05 de agosto de 2005
Para analizar la naturaleza del alma, se precisa tener presente el presupuesto según el cual se dice que el alma es el primer principio vital en aquello que vive entre nosotros, pues llamamos animados a los vivientes, e inanimados a los no vivientes.
La vida se manifiesta, sobre todo, en una doble acción: el conocimiento y el movimiento. El principio de tales acciones fue colocado por los antiguos filósofos, que eran incapaces de ir más allá de la fantasía, en algún cuerpo, ya que decían que sólo los cuerpos eran algo, y lo que no es cuerpo es nada. Así, sostenían que el alma era cuerpo.
Aun cuando la falsedad de esta opinión puede ser demostrada con muchas razones, sin embargo, tan solo mencionaremos una por la que, de un modo más general y seguro, resulta evidente que el alma no es cuerpo.
Es evidente que el alma no es el principio de cualquier operación vital. Pues, de ser así,por ejemploo, el ojo sería también alma, ya que es principio de la visión. Lo mismo puede decirse de los otros instrumentos del alma. Pero decimos que el primer principio vital es el alma. Aunque algún cuerpo pueda ser un determinado principio vital, como en el animal su principio vital es el corazón. 
Sin embargo, un determinado cuerpo no puede ser el primer principio vital. Ya que es evidente que ser principio vital, o ser viviente, no le corresponde al cuerpo por ser cuerpo. De ser así, todo cuerpo sería viviente o principio vital. Por lo tanto, a algún cuerpo le corresponde ser viviente o principio vital en cuanto que es tal cuerpo. Pero es tal cuerpo en acto por la presencia de algún principio que constituye su acto.
Consecuentemente, el alma, primer principio vital, no es el cuerpo, sino, el acto del cuerpo. Sucede, verbigracia, como con el calor, principio de calefacción, que no es cuerpo, sino un determinado acto del cuerpo caliente.
Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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